domingo, 27 de enero de 2019

V CHAPTER: “Todo por el vapor y la electricidad”


Esa noche en su casa, Papaya se fue a escribir por varias horas. Recordaba sus viejas clases de comunicación que tuvo cuando pasó por su primera escuela cuando era todavía un “cacha bagre”; cuando miraba con una sonrisa a ese italiano que lo inspiraba y le hacía soñar. Él era un pequeño soñador. Por esos años mientras estudiaba, en la otra parte del mundo, el antecesor de Mr Hayek sufría por la famosa “compuerta de agua”. Sin embargo, la ilusión de este “soñador” nadie se lo robaba.


“Voy a ser un militar y seré un día un gran comanche…”, pensaba cada cierto tiempo, aunque de pequeño también se le pasaba por la mente seguir las huellas del hijo de Margarita.

Esas clases de comunicación – cuando era un “tierno” cadete vestido de blanco, con su cigarro en la boca, sobretodo por las noches cuando fumaba mientras sus colegas dormían – le venían a la mente y se interrogaba sobre aquellas utopías que empezaron a nacer en sus años mozos. Utopías de la comunicación que no le dejaban tranquilo. Esa noche, tomando un viejo libro de su estante, encontró aquel párrafo que subrayó hace años. El párrafo decía:

“El planeta debe ser ‘administrado’ por los industriales como una ‘gran sociedad de industria’, y no ‘gobernado’ por un Estado que lo tutele”…

Fueron las palabras del viejo socialista utópico de Saint Simon. Este francés logró meterse en la cabeza de Papaya: “Todo por el vapor y la electricidad”. Empezaba así su sueño de recorrer el mundo a través de la comunicación.

Su sueño de construir “puentes y redes” lo empujó a vestir de blanco. Esa noche se propuso escribir – añadiendo a los cinco puntos tratados en el capítulo anterior – los temas que en principio lo motivaban a volverse un día un 'gran comanche'. Ya en el país de Mr. Hayek había aprendido siendo marino agregado cómo lograr esos sueños de llegar un día a comandar su propia Pipa. Naturalmente, era consciente que un proyecto de ese tipo no lo podía lograr solo. No le bastaba solo su inteligencia y su audaz atrevimiento, ni siquiera su profunda fe, necesitaba a como dé lugar trabajar un proyecto que satisfaga al New Big Seathel.

Un día en el país de las grandes metrópolis y rascacielos, participó como agregado en un cerrado “Meeting of high Rendezvous representatives”. De pie y en silencio fue testigo de lo que se había empezado a tramar contra la tierra sin majos. Del cómo se iban tejiendo los hilos estratégicos para llegar a poseer todas las exquisitas ollas con la ayuda de cada Chanchito Pelón y de todo invitado que se quiera involucrar. Es allí donde se le prendió el foco y como buen fumador, no quiso pasar la oportunidad de querer involucrarse en dicha empresa.

Se alzó de su silla y empezó a buscar como loquito un mapa que le ayude a entender quienes serían los involucrados en esta tierra sin majos, quienes la habitan, cuál es su historia, qué área total abarca toda esta magna región, qué características tiene la población que en ella habita, pero sobretodo cuáles son esas amenazas con las cuáles podrían encontrarse e impidan el logro del objetivo mayor: Poseer como sea todas las ollas y entregárselas a Mr Chef. De cualquier forma, si no hay amenazas, hay que crearlas, hay que inventarlas, o por lo menos, hacerles creer a los invitados y a los hijos de la Yacu Mamma Mia que son necesarios tales proyectos y programas por la "soberanía de la nación".

Al día siguiente, como buen oficial se levantó muy temprano – a pesar de que había dormido poco como usualmente lo hacía – fue y tomo un puñado de yerba y lo metió en el bolsillo de su pantalón. Solo la yerba le daba esa tranquilidad en los momentos de luz que él buscaba cada vez que quería imponer sus ideas. Ya en el hall de su oficina se encontraban los coquitos. Un grupo de mujeres y varones cada uno portando un file muy apetitoso lleno de estudios y propuestas.

Para ese día Gemelo ya había previsto un “pool of experts”, todos ellos técnicos y perspicuos ‘realizadores de sueños’. En uno de los files se leía: “Si el plan no funciona, cambia el plan pero no cambies la meta”. Gemelo, ya tenía en su lista a todos los que él muy bien necesitaba, incluso se hallaba en medio del grupo, y con un cierto perfil bajo, su leal amigo “el Mascafierro”.

Continuará...


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